viernes, 29 de abril de 2011

El mejor de los planes.

Catorce días para que venga.
Catorce días para fijar su mirada y derretirme con la ternura de su sonrisa.
Ya hay un par de planes hechos para aprovechar los días.
Le he dicho que deberíamos anotarlos, más que nada para luego, con el tiempo, releerlos y decir " sí, aquí acabamos por no ir, ese día no salimos de la cama; ah,y aquí, no, aquí tampoco fuimos...".
Se ríe y no me hace caso.
A mí me gustaría llevarla a ese cámping, recorrer con ella de la mano esa ruta costera, cenar en esa sidrería de Gijón y tomarnos unas copas en ese café-pub de chicas también en Gijón que tanto me gusta y tanto echo de menos en Oviedo, quedar con mi amigo gay a tomar un carajillo...
Pero estará aquí apenas once días, y pasan muy rápido, y yo sólo puedo librar cinco, y no mostrarle alguno de los sitios en los que soy feliz me da cierta rabia, pero perderme un sólo segundo de sentir su cuerpo pegado al mío me duele, así que veremos dónde quedan los planes.
Mejor voy comprando una libreta.

jueves, 7 de abril de 2011

Pasa, entra.

Quien menos te imaginas.
Cuando menos te lo esperas...
Aparece "Ella", no la que espiabas desde lejos , sino una con la mirada y la sonrisa y los besos pegados a ti ( aunque también esté lejos ), esperando que tu corazón alcance el suyo, instalándose en tu ternura y en tu forma de ir queriéndola.

Quien menos te imaginas.
Cuando menos te lo esperas...

sábado, 12 de febrero de 2011

VI.

De un plumazo,
eliminando azules en el cielo,
otra vez el atardecer
blanquecino
del sol en invierno.


lunes, 7 de febrero de 2011

Una coca-cola y unos triskis.

Antes de que endurecieran las normas de seguridad y nos obligaran a pasar el filtro cada vez, solía ir con cierta asiduidad a por suministros a la máquina de vending que tan primorosamente mantiene una de las compañías aéreas.
Para ello tenía que salir al patio de carrillos ( zona donde se manejan y transportan los equipajes) y caminar apenas unos quince metros hasta la oficina.
Las primeras veces tenía su puntito ver la trastienda, algún avión desplazándose por la pista, incluso encontrarse con un cassette ochentero de esos rectangulares que bien podrían ser un arma de destrucción masiva, y en el que uno de los trabajadores de rampa ponía a todo trapo música celta.

Lo que me sigue recargando un montón las pilas hoy en día, es el contraste entre la luz artificial del patio y el cielo abierto en la pista, entre el calor de la terminal y el aire fresco ( en el mejor de los casos) que no tiene recoveco donde esconderse, entre el trabajo en la oficina y las cientos de historias que podrían contar los pasajeros...

Con la nueva normativa, la operación que antes no superaba cinco minutos ( eso siempre que charlara brevemente con la gente de la compañía) no se demora mucho más pero sí supone un engorro tener que vaciar los bolsillos y descalzarme para ir a por una coca cola y unos trikis.
Así que ya casi no voy.

Quizás por eso esta mañana me apoyé en la pared un buen rato mirando hacia la pista, disfrutando de los cambios de luz, del verde que rodea las pistas, del aire limpio que olía intensamente a mar ( el Cantábrico está casi casi pegado al aeropuerto; la entrada y salida de Asturias por aire bien merece enfrentarse al miedo y asomarse a la ventanilla).

No lo sabe...

... pero hemos terminado.
En realidad, yo he terminado.
Bueno, vale: no había nada que terminar.

He comprobado que mi capacidad para convertir un " alegramiento de pestaña" en fantasía que entorpece no tiene límite, como tampoco lo tiene mi talento para escoger cada vez peor con quién fantaseo.

Así que, después de alguna que otra bronca de una amiga, y envalentonada por... la verdad que no sé por qué, di los pasos necesarios para averiguar sin tener que exponerme.
Y resulta que, sin hablar más que con su actitud, ha dejado claro que no tiene el más mínimo interés en mantener contacto conmigo fuera el trabajo.

- Ella se lo pierde - me digo a mí misma.
- Sí por los coj... ¡ me lo pierdo yo! - se dice a sí misma mi otra parte...

Pero lo llevo bien, ¿eh?.
Yo paso.
No me he fijado si quiera en que ha escogido mal el color de las medias, ni en el recogido tan favorecedor que se ha hecho, ni en la forma como vestido se le curvaba un poco por detrás, ni...

domingo, 6 de febrero de 2011

Anhelo.

Te estoy esperando.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Barcelona.

Me encanta esta ciudad.
He estado varias veces, pero siempre por poco tiempo.
Por alguna razón, me he hecho una imágen, y visitarla va fundamentándola, complementándola y también desmitiéndola de vez en cuando.
La idea original con la que regresé de Lanzarote era trasladarme a probar suerte allí.
Supongo que las ciudades emiten una energía determinada antes de conocerlas.

Esa noche ( 11.09.2010 ) salí a dar un paseo, tan sólo un par de horas.
En el barrio gótico, en un rincón poco iluminado de la callejuela de una callejuea, un chico tocaba la guitarra.
Tocaba como para sí, a pesar del altavoz, no tanto encogido sobre sí mismo sino arropando la guitarra.

Reconocí la obra pero no el título, y su forma de interpretarla tenía algo que mantenía a los paseantes absortos, en un silencio que no rompían ni para aplaudirle, y que a mí me hizo llorar.
También lloraba un chico sentado en el suelo frente a él, apoyado al otro lado de la callejuela.
Me hubiera gustado tener una buena cámara para poder fotografiar su expresión sin ser vista.
Pero también sentí que, de haberla tenido, no lo habría hecho: me sobrevino un pudor como de feligresa ante aquel abandono.

Se acercó el grupo de una visita turística.
La guía llevaba un micro estilo Madonna y, a pesar de la música y de ver a la gerente parada escuchando, empezó su explicación.
Antes de que ninguno de nosotros tuviera tiempo de mentarle a la familia, su propio grupo la mandó callar.

Una paralela o dos más allá, en un rinconcito bien iluminado y a los pies de una breve escalera donde el público pudiera sentares, un cantante hacía su show con fragmentos de ópera, afectado, con una sonrisa tan perpetua como falsa, y de cara a la galería.