Bolleras del mundo: si atravesáis una fase en la que los desajustes de vuestro gaydar os lleven a pensar que lo mismo carecéis de él ( “Diossss...si no lo tengo, ¿¿¿¿ a ver si va a ser que no entiendo????”), por lo que más queráis: NO vayáis a un pueblo turístico mallorquín.
Nota: no sé si lo sabréis, pero ciertas zonas de Mallorca parecen la provincia mediterránea de Alemania.
Errores del gaydar...Alemania... ¿veis por dónde voy? ¿No?. Bueno.
Primavera de 2000.
Hacía ya, por lo menos, un mes que había llegado al pueblo; lo recorría varías veces al día ( del trabajo a casa, a la playa, otra vez al trabajo...), pero mi lentitud para sentirme en un lugar nuevo apenas me permitía reparar en el entorno.
Registraba los detalles básicos para la supervivencia ( librería, súper, trattoria, banco y señales/obstáculos para no hostiarme con la bici) pero los importantes, los pequeños, quedaban fuera.
Hasta ese momento, la imagen que el nombre del pueblito generaba en mi cerebro era la de un ente
vestido con gayumbos chillones, camiseta más chillona aún, y eso que parece ser un pack indisoluble: sandalias de tiras con calcetines.
Y, un día cualquiera, te sorprendes OBSERVANDO todo cuanto sucede. Sin transición, sin detonante aparente, has pasado del ente playero a sentirte parte de ese universo.
No hay vacaciones escolares, y el pueblo está repleto de jubilados ( “ aaay qué lindo, los viejitos de la mano...”) y de...¿lesbianas?:” mira esta...y esas de ahí... y las cuatro de este lado... y TODO ese grupo de allá... estas de aquí también...pues no, estas no, que les están dando piquitos a los maridos... pero ese otro grupito... joé qué rollo bollo es este pueblo pero... ¿todas maduras?¿ todas tan masculinas?.., a ver estas.... ¡¡¡¡ PARA!!!!”.
Tantos años viendo la tele tenían que servir para algo, en un instante desfilan por tu mente todas las imágenes que has visto de atletismo/olimpismo ochentero y te das cuenta que no, que no son todas bollo : tan solo son algo así como las primas de aquellas atletas germanoorientales ( creo que aquí me sobra una “o”, o me falta un guión, o ambas cosas) cuya apariencia física corría, a ritmo de plusmarca, en dirección diametralmente opuesta a lo femenino que sus nombres deberían representar ( bueno, vale, “Ulrike” lo pone crudo, pero sigue siendo nombre de mujer).
Así que, a partir de ese momento, he ahí una mujer ( tú; o sea, yo) a un “ relativiza, nena, relativiza” pegada.
Tan a rajatabla llevas el relativizar, el desterrar clichés y todos los etcéteras similares posibles que, meses después, cuando una casi madurita atractiva y ANDRÓGINA aguanta tu rollazo de consulta en la oficina de turismo sólo para encontrar el momento de guiñarte un ojo, tú piensas “ la pobre, tiene un tick” y te quedas tan ancha.
PD: Juro que el tono de este post ( y el recuerdo de lo que cuenta) debía ser divertido.
Pero, escribiendo sobre las atletas, recordé esto
y ya no tengo ganas de reir.