miércoles, 4 de agosto de 2010

Con un par.

Una cosa es improvisar las vacaciones, y otra lo que hago yo.
Se ve que eso de que los vuelos me salgan gratis ya lo arregla todo, como si fuera a dormir y ducharme en los aviones y a nutrirme también en ellos.
Hace casi un año que tengo decidido el primer destino y dónde alojarme, hace menos de dos meses que cambié el segundo.
¿Que me exigen tarjeta de crédito para reservar, aunque el pago se haga a la llegada? Pues yo la solicito ahora, sin reparar en que, por no cambiar domiciliaciones varias mantengo la cuenta en Lanzarote, con lo que los plazos se alargan ( hasta ahí llego, pero de la responsable de mi sucursal bancaria aquí en Oviedo me esparaba una respuesta más concreta).
¿Que para entrar en el segundo destino hace falta visado?Pues ya hablaré con Fulanita y Menganito, que me darán informaciones contradictorias sobre cómo conseguirlo más barato que a través de la Embajada ( como son contradictorias, no me atrevo a resolver mis dudas vía mail con la embajada, no vaya a ser que guarden mi consulta y mis datos y luego al llegar me digan " sí, visado ok, pero mira lo que tengo.... tú p'afuera").
¿Que tengo casi un año para apañar mi sueldo mileurista e ir dejando un fondo para lo que viene siendo algo insignificante como la supervivencia por ahí por el mundo?. Pues ya me dedicaré a "manirrotismos" varios, incluído el no leer( ni recordar) las condiciones de cierta web de contactos. Si lo hubiera hecho, no me vería frente a una renovación de suscripción automática por la que me piden la anualidad completa...
Resumiendo: me veo suplicándole a mi madre que me perdone el alquiler del mes que viene (siempre puedo chantajearla con lo de " no querrás que me quede sin un duro por ahí y...").
O, lo que es peor: teniendo que renunciar al súper viaje que tanto he estado deseando.
El año que viene repartiré mejor las vacaciones, y los viajes, he decidido vivir al día pero aprovechando las cosas.
Ya me siento mejor: qué daño hizo Escarlata O'Hara con ese " ¡ Ya lo pensaré mañana!...".

domingo, 1 de agosto de 2010

Yo quería ir al Mercadona...

... a ese que está cerquísima de mi casa, junto a la Plaza del Fontán ( la del mercado ) y todas las sidrerías con terraza de esa zona.

Eran las 19:30 y me encontré a una amiga que también vive en el antiguo y que también quería ir al Mercadona...
Ella dijo " ¿hacemos la compra y tomamos unos culetes?".
Yo dije " ¿tomamos unos culetes y luego la compra? es que menudo engorro con las bolsas...".

Cinco horas, unas parrochas, una ensalada, seis botellas de sidra y muchísimas carcajadas después, el aprovisionamiento en el súper se redujo a desodorante en la farmacia de guardia.

Cuidadito, que también fue una tarde productiva: mi amiga aprendió a utilizar las horas para situar a una persona en el espacio sin tener que señalarla o ni siquiera mirara para ella:

-Me vuelve loca, a tus siete...

Al principio le costó un poco, en lugar de mirar la esfera del reloj para situarse por alguna extraña razón prefería sacudir la cabeza hacia adelante como diciendo " ahí son las doce".
Pero adquirió soltura de profesional a ritmo directamente proporcional a los culinos de sidra que iban cayendo.

Qué curioso: lo mismo me sucede a mí cuando me toca escanciar...

sábado, 31 de julio de 2010

Las casas hablan.

El piso sigue estando tal y como estaba cuando me instalé.

Quiero decir: es perfectamente habitable y acogedor ya sólo con los colores que elegimos al reformar, pero exceptuando los libros, unas cañas de bambú y algunos utensilios de cocina escogidos, nada hay en él que lo habite.
Hay muchas fotos que quiero colgar.
Algunas están aún por hacer.
Pero la disposición que ocupen es algo que, sencillamente, no depende de una decisión.

Mi madre se ponía enferma viendo las paredes desnudas, durante todo el año que transcurrió entre la muerte de mi abuela y la mudanza intentó comprarme marcos, espejos, lámparas...
Durante todo un año le dije que no podía decir,que ya iría viendo cuando estuviera instalada.
Quizá debería haberle dicho entonces que siempre he necesitado un tiempo para sentirme parte de las casas en las que he vivido, que sólo era cuestión de esperar a que el piso y yo empezármos a intuirnos y relacionarnos.

En lugar de eso, el día en que decidí que volvíamos sobre el tema por última vez, tan solo pude decir:

- Las casas hablan.

Me miró sin saber cómo encajarlo, si debía tomarlo en serio o no.
Argumentó lo de siempre, pero creo que decidió sobre la marcha enfocar mi respuesta como una
nueva forma de desviar el tema, sin prestar atención al fondo ( " mi hija está como una chota...").

Pero, de momento, funciona.

viernes, 30 de julio de 2010

No te queda nada...

Ayer en el aeropuerto me entretuve observando a un crío como de quince años.
Llamó mi atención porque estaba riñendo a su hermanita, quien debía ser unos diez años más pequeña e insistía en soltarse de su mano.
Después de "imponerse" un poquito, comenzó a explicarle con paciencia, pero sin perder la pose de hermano mayor, las órdenes que el papá les había dado.
En seguida ella alzó los brazos y dio saltitos para que él se sentara y la pusiera en su regazo.
El crío seguía hablando, pero muy pronto se redujo todo a una sesión de mimos, abrazos y besos que todos a su alrededor seguimos con sonrisa de gilipoyas y cayéndosenos la baba ( a mí, en cierto momento, se me caía más que nada por ver cómo babeaba una de las espectadoras...).

Y así, con el ambiente saturado de rollo conmovedor ante la naturalidad con que un adolescente expresaba su ternura, y reconfortados al ver cómo su implicación en "educarla" daba frutos, les vimos ponerse de nuevo en pie.

La nena no tardó ni diez segundos en retomar sus intentos por soltarse.
Y yo no pude más que mirar al chico y pensar compasiva: "No te queda nada...".

Cuando dicen que las mujeres maduramos antes que los hombres, ¿ se estarán refiriendo a esto?.

domingo, 25 de julio de 2010

Paraíso.

Segunda semana consecutiva librando sábado y domingo, segunda semana consecutiva que planeas pasar las tres noches del finde en el pueblo y no lo cumples.
El domingo estás tontorrona pensando en volver al paraíso ( casi ) perdido, en la aldea como marco de un universo propio que conforman la casa y la huerta, en la comida casera, y en los mimos de mami después de una semana sin veros.
Así que lo de " coge el 1 y te bajamos a buscar a la parada " cuando llamas para decir que ya estás lista, te deja un poco para allá ( es la una y pico muy largas, solajera que te mueres, estás solo a 10 minutos pero a una cuesta tremenda de la parada y... joé, tienes hambre, qué se le va a hacer).
No has hecho más que empezar a protestar y tu propia madre te espeta: " va a empezar la carrera y quiero ver la salida. Haberte levantado primero".
(Aquí conviene aclarar que nadie, NADIE de mi familia era fan de la Fórmula 1 antes del momento Fernando Alonso; que su abuela viva en el pueblo de al lado, que el propio Fernando se haya hecho una casa en la aldea de al lado parece ser que despierta como un lazo de compadreo que se me escapa; mi padre sigue asegurando que una día, en su periplo andarín con el perrazo, se lo cruzó mientras F hacía footing...).
Si de la que llamaste tenías hambre, para cuando llegas a la casa tienes el estómago por los suelos.
Es conmovedor ver cómo salen a recibirte únicamente el perrazo ( mastín grisáceo, precioso, más bueno que el pan, se sienta y si levanta la cabeza le llega el hocico a tus tetas, te pisa y no te machaca los dedos: te los amputa ), la fiera ( un minipinscher oficialmente adulto desde hace un mes y cuyo peso asciende a la sobrecogedora cifra de 3,500 kgrs. ), y la cacatúa, sorprendentemente callada.
Dentro de la casa, tu abuela haciendo como que entiende toda la movida de parciales, paradas en boxes, etc., tu padre comentando al comentarista de la carrera, y tu madre diciendo " ¿Kovalainen fuera? que se joda"; le preguntas,por putearla, que quién es Kovalainen, y ella " no sé, uno que me suena conocido".
Tu padre te pone al día en un pispas, aguantas dos vueltas pero la bestia del estómago despierta del letargo, y acabas renuciando a la trabajera de preparar todo para comer fuera bajo las parras: bandejita al canto y a comer delante de la tele.
Una vez terminada la carrera, mientras los demás comen tú medio vegetas soñando con las súpersiestas en la huerta, a la sombra de una peral que ahora está empezando su segunda vida.
Siesta ( más bien un quedarse traspuesta) hubo, por supuesto, sólo que requiere casi un acto de fé.
¿Por qué?.
Pues porque antes bastaba casi con una toalla de la playa, pero ahora el cuadro es este:
dos hamacas de jardín, dos esterillas ( una de ellas acolchada), dos sombrillas, un pie de sombrilla hecho con un tronco que se sujeta con dos pedruscos y una baldosa ( ... ) la otra se clava directamente en la tierra, el sillón de mimbre donde se sienta la abuela, cojines, una almohada, la cama de la fiera, el tigre de peluche con el que el pobre intenta desfogarse, un paraguas, y algo de beber.
Lo normal sería que quisiéramos mantener a la sombra nuestras cabezas.
Pero no: mi madre no quiere sol en el vientre, mi hermana no quiere sol en general, habrá que juntar las hamacas, las hamacas son anchas, casi tan anchas las dos juntas como la sombra que proyectan las dos sombrillas también juntas.
Por eso a mí me toca reptar por la esterilla acolchada buscando sombra pa mi cabeza, y tratando de encontrar LA postura definitiva sobre una huerta que es de todo menos plana y uniforme.
Por eso a la abuela le toca taparse con un paraguas.
Se vengó con un sutil goteo de preguntas para no dejarnos dormir.

jueves, 22 de julio de 2010

Llamadas.

Trabajo en una empresa extranjera procedente de uno de esos países considerados como el motor de Europa.
Gran parte de mi tarea consiste en atender llamadas de dos centralitas: una radicada en España ( que apenas aporta el 10% del volumen total) y la otra en el país de origen.
A través de esta última atendí hace unos días a una viejita muy amable, muy dúlce.
Hablaba ese idioma con un leve acento extraño, y antes de dejarme empezar a ayudarla lo primero que hizo fue disculparse porque era española.
Le encantó saber que yo también, sin embargo, a renglón seguido, dijo " pero tenemos que hablar en este idioma porque he olvidado muchas cosas".
Su consulta era sencilla, no requería especial concentración por mi parte así que, sin yo quererlo y con apenas un par de detalles, me la imaginé perfectamente en uno de esos trenes que permitieron al franquismo jactarse de que en España no había paro (noshajodío, lo que había era dos millones de emigrantes...).
Sin embargo, más allá de las escenas veloces y simultáneas que hayan podido surgir en mi mente mientras hablaba con ella, lo que conservo es una sensación de pena : ¿ con qué concepto de sí misma salió de aquí? ¿con qué complejos llegó a ese país?¿ qué percibió para que, después de todos los años que son necesarios para olvidar el idioma en el que naciste,sigas siendo consciente de que te saben de fuera, y que debes disculparte por ello?.
Seguramente la historia de esta mujer no tenga nada que ver con lo que me he imaginado.
Seguramente en ella me haya imaginado la historia de muchos otros.
Seguramente, este resentimiento hacia el país " de acogida" ( y que a mí también me paga la nómina) tenga mucho, pero MUCHO que ver con el diíta que me han dado dos trainers a los que he tenido que llamar...