Hasta hace poco, cuando el departamento correspondiente detectaba un posible fraude/robo con la tarjeta facilitada para pagar una reserva, modificaban esta última de manera que el sistema generara aviso de comprobar todo antes de permitirle facturar.
Pero,ahora, el agente que se encuentra con estos casos, directamente cancela la reserva e introdcue una breve explicación.
El fin de semana pasado tuve que atender simultáneamente dos de estos casos, claro que resultaba un poco extraño por todo lo que tenían en común, y, me duele reconocerlo, porque ninguno de los pasajeros resultaba sospechoso.
Así que llamé a la central,echaron un vistazo y me autorizaron a hacer una serie de comprobaciones; si el resultado era positivo, podía crear una nueva reserva manteniendo el precio original ( el tipo de cancelación llevada a cabo había reembolsado previamente el importe).
Esta mañana las compañeras de facturación me llamaron porque no enocontraban a unas pasajeras, al entrar en su reserva me pareció que era el mismo caso.
Cuando las vi aproximarse, una mamá y una niña africanas, me pregunté si, de haber sido ellas el primer caso del fin de semana, me habría extrañado lo suficiente, si me hubiera empeñado tanto en ayudarlas.
Hoy seguí el procedimiento, no era ella quien había pagado la reserva, y cuando le expliqué que tendría que comprar otro billete, en su cara y en sus ojos vi de todo excepto nerviosismo o culpabilidad.
Dijo que debía llamar por teléfono, le expliqué que aún tenía tiempo, pero no volvió.
Hasta llegar aquí (donde "sólo" estamos la central y nosotros), mi trabajo´de los últimos diez años me ha mantenido siempre compartiendo espacio y tarea simultáneamente con españoles y extranjeros de distinitos continentes que,tanto unos como otros, confirmaron pero también rompieron estereotipos.
La mamá de esta mañana parece que he venido a demostrar que esos diez años no me han servido para nada.
No ha sido un buen día.